Argelia y Marruecos representan un caso paradigmático de rivalidad geopolítica que se extiende a la dimensión energética. Esta rivalidad se fundamenta en dos modelos de gobernanza antagónicos, condicionados por la disponibilidad y la disputa de recursos naturales, así como en la proyección de los corredores energéticos internacionales mutuamente excluyentes y en el empleo de la energía como un arma geopolítica en las relaciones bilaterales. En el contexto de la descarbonización, este análisis anticipa una intensificación de la rivalidad y una mayor fragmentación regional, reforzando la lógica de suma cero, la securitización de los recursos y la reproducción de las dinámicas de confrontación heredadas de la era fósil.