Este artículo analiza los retos económicos y jurídicos que plantea la aparición de la «economía de agentes», entendida como un entorno en el que los agentes de IA autónomos pueden tomar decisiones, realizar transacciones, gestionar carteras digitales, negociar y generar efectos económicos vinculantes sin supervisión humana continua. El argumento central es que esta evolución no solo aumenta la complejidad de los mercados existentes, sino que cambia su naturaleza. Los marcos tradicionales en materia de complejidad económica, economía de los costes de transacción, teoría de la agencia, derecho de sociedades y derecho internacional privado parten de la base de que existen actores identificables, mandatos relativamente estables y cadenas de responsabilidad trazables. Los agentes autónomos de IA cuestionan estos supuestos al operar de forma adaptativa, a través de distintas jurisdicciones y a una escala y velocidad que superan los mecanismos convencionales de supervisión, atribución y responsabilidad.
El artículo sostiene que los enfoques reguladores actuales, incluida la Ley de IA de la UE y los marcos emergentes de gobernanza de la IA agentiva, siguen siendo insuficientes porque regulan los sistemas de IA principalmente como herramientas o productos, en lugar de como agentes económicos autónomos. En respuesta a ello, propone la categoría analítica de la «persona agencial»: un constructo jurídico no humano definido por una identidad única, un mandato expreso, límites operativos y un régimen automático de asignación de responsabilidad. Esta categoría no pretende otorgar personalidad moral a los sistemas de IA, sino proporcionar una arquitectura jurídica funcional para regular la agencia autónoma en un contexto cada vez más complejo
This article examines the economic and legal challenges posed by the emergence of the agentic economy, understood as an environment in which autonomous AI agents can make decisions, execute transactions, manage digital wallets, negotiate, and generate binding economic effects without continuous human supervision. The central argument is that this development does not merely increase the complexity of existing markets, but changes its nature. Traditional frameworks in economic complexity, transaction cost economics, agency theory, corporate law, and private international law assume identifiable actors, relatively stable mandates, and traceable chains of responsibility. Autonomous AI agents challenge these assumptions by operating adaptively, across jurisdictions, and at a scale and speed that exceed conventional mechanisms of supervision, attribution, and liability.
The article argues that current regulatory approaches, including the EU AI Act and emerging agentic AI governance frameworks, remain insufficient because they regulate AI systems mainly as tools or products, rather than as autonomous economic actors. In response, it proposes the analytical category of the «agentic person»: a non-human legal construct defined by unique identity, express mandate, operational limits, and an automatic liability allocation regime. This category is not intended to grant moral personhood to AI systems, but to provide a functional legal architecture for governing autonomous agency in increasingly complex economic systems.