Moscú ha emprendido una campaña internacional de propaganda contra Ucrania, amplia tanto en los medios empleados como en su alcance geográfico, llegando incluso a Sudamérica. Las embajadas de Rusia en Buenos Aires, Brasilia y Lima han utilizado las redes sociales para difundir mensajes sobre la guerra. Con el fin de examinar esta actividad, este artículo combina métodos cualitativos y cuantitativos, incluidos el análisis documental, estudios de caso y datos de la plataforma de investigación en redes sociales CrowdTangle para analizar publicaciones en Facebook e Instagram. Los resultados muestran que las embajadas rusas han promovido activamente varias narrativas estratégicas sobre Ucrania, entre ellas presentarla como un Estado “nazi” y atribuir la guerra a la “expansión” de la OTAN. La campaña ha generado cientos de miles de interacciones con usuarios de redes sociales y, en algunos casos, adapta sus mensajes a contextos locales. Asimismo, se apoya en alianzas con actores mediáticos afines para reforzar sus narrativas. Estos hallazgos plantean interrogantes más amplios sobre la escala y el alcance de la comunicación rusa en otros países de América Latina y en distintas regiones del mundo a través de diversas plataformas mediáticas.
Moscow has undertaken an international propaganda campaign against Ukraine, which is wide in terms of means employed and its geography, reaching even South America. Russia’s embassies in Buenos Aires, Brasilia, and Lima have used social media to disseminate messages about the war. To investigate this activity, this article combines qualitative and quantitative methods, including document analysis, case studies, and data from the social media research platform CrowdTangle to analyze Facebook and Instagram posts. The findings show that Russian embassies have actively promoted several strategic narratives about Ukraine, including portraying it as a “Nazi” state and blaming NATO “expansion” for the war. The campaign has generated hundreds of thousands of interactions with social media users and, in some instances, adapts its messaging to local contexts. It also relies on partnerships with sympathetic media actors to reinforce its narratives. These findings raise broader questions about the scale and reach of Russian messaging in other Latin American countries and regions of the world across different media platforms.