El Sahel se ha convertido en uno de los escenarios más prominentes de la competencia contemporánea entre grandes potencias, donde actores externos persiguen agendas de seguridad, políticas y económicas que se superponen y, a menudo, entran en conflicto. Durante la última década, la región ha sido testigo de una concentración sin precedentes de intervenciones internacionales, que van desde misiones multilaterales de mantenimiento de la paz hasta operaciones militares bilaterales y programas de asistencia en materia de seguridad. A pesar de este extenso compromiso externo, las condiciones de seguridad en todo el Sahel han seguido deteriorándose.Este artículo examina cómo la creciente competencia entre grandes potencias configura la gobernanza de la seguridad en regiones frágiles, utilizando al Sahel como un estudio de caso crítico. Basándose en los conceptos de gobernanza de la seguridad y repliegue estratégico (strategic retrenchment), el artículo sostiene que la creciente rivalidad geopolítica entre los actores externos, particularmente Francia, Estados Unidos, Rusia y China, ha contribuido a la fragmentación en lugar de a la consolidación de los acuerdos de gobernanza de la seguridad en la región. En vez de mejorar la estabilidad, las estrategias externas contrapuestas han socavado la coordinación, debilitado los marcos multilaterales y reducido la efectividad de las intervenciones internacionales.Empíricamente, el artículo analiza la evolución del compromiso externo en el Sahel, centrándose en la retirada de las fuerzas militares occidentales, la finalización de la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en Malí (MINUSMA) y la expansión de la presencia de actores no occidentales. Los hallazgos sugieren que los actores externos priorizan cada vez más la evitación del riesgo, las consideraciones políticas internas y la señalización estratégica por encima de los objetivos de estabilización y gobernanza a largo plazo.Al situar al Sahel dentro del contexto más amplio de los cambios en el poder global, el artículo contribuye a los debates sobre los límites de la intervención externa y la naturaleza cambiante de la gobernanza de la seguridad en el sur global. Concluye que el repliegue estratégico, más que un compromiso sostenido o una sustitución efectiva por parte de nuevos actores externos, se ha convertido en el patrón dominante que define los resultados de seguridad en el Sahel. Estas dinámicas ofrecen perspectivas más amplias sobre los desafíos que enfrentan las regiones frágiles expuestas a una competencia geopolítica intensificada.
The Sahel has become one of the most prominent theatres of contemporary great power competition, where external actors pursue overlapping and often conflicting security, political, and economic agendas. Over the past decade, the region has witnessed an unprecedented concentration of international interventions, ranging from multilateral peacekeeping missions to bilateral military operations and security assistance programs. Despite this extensive external engagement, security conditions across the Sahel have continued to deteriorate.This article examines how growing great power competition shapes security governance in fragile regions, using the Sahel as a critical case study. Drawing on the concepts of security governance and strategic retrenchment, the article argues that increasing geopolitical rivalry among external actors, particularly France, the United States, Russia, and China, has contributed to the fragmentation rather than consolidation of security governance arrangements in the region. Rather than enhancing stability, competing external strategies have undermined coordination, weakened multilateral frameworks, and reduced the effectiveness of international interventions.Empirically, the article analyses the evolution of external engagement in the Sahel, focusing on the withdrawal of Western military forces, the termination of the United Nations Multidimensional Integrated Stabilization Mission in Mali (MINUSMA), and the expanding presence of non-Western actors. The findings suggest that external actors increasingly prioritize risk avoidance, domestic political considerations, and strategic signalling over longterm governance and stabilization objectives.By situating the Sahel within the broader context of global power shifts, the article contributes to debates on the limits of external intervention and the changing nature of security governance in the Global South. It concludes that strategic retrenchment, rather than sustained engagement or effective substitution by new external actors, has become the dominant pattern shaping security outcomes in the Sahel. These dynamics offer broader insights into the challenges facing fragile regions exposed to intensified geopolitical competition.