Hasta hace algunos años, la normativa europea sobre la protección de los informantes de infracciones se caracterizaba por una notable dispersión (tanto material como territorial). Ante esta situación, la Unión Europea impulsó la creación de estándares mínimos comunes para garantizar una protección efectiva mediante canales de denuncia seguros, confidenciales y eficaces. Este proceso culminó con la aprobación de la Directiva (UE) 2019/1937, que obliga a los Estados miembros a implantar cauces de denuncias internos y externos, proteger a los informantes frente a represalias y establecer sanciones para quienes obstaculicen las denuncias. España incorporó esta normativa mediante la Ley 2/2023, que regula la protección de los informantes y la lucha contra la corrupción. Persisten, no obstante, algunas carencias, especialmente en la determinación de las consecuencias laborales de las represalias, lo que ha motivado nuevas propuestas legislativas para reforzar la protección del denunciante.
Until a few years ago, European regulations on the protection of whistleblowers were characterized by significant inconsistencies (both in substance and across jurisdictions). In response to this situation, the European Union promoted the creation of common minimum standards to ensure effective protection through secure, confidential, and effective reporting channels. This process culminated in the adoption of Directive (EU) 2019/1937, which requires Member States to establish internal and external reporting channels, protect whistleblowers from retaliation, andwhistleblower protection impose sanctions on those who obstruct reporting. Spain incorporated this regulation through Law 2/2023, which regulates the protection of whistleblowers and the fight against corruption. However, some shortcomings remain, particularly regarding the determination of the employment consequences of retaliation, which has prompted new legislative proposals to strengthen whistleblower protection