Santiago, Chile
El presente artículo analiza la noción de subordinación laboral y su concreción en la prestación de servicios profesionales de salud en Chile, considerando la situación de profesionales que trabajan en el ámbito privado y público. Particularmente, se examinan algunos criterios judiciales utilizados para distinguir entre trabajo subordinado e independiente. Destacan en el sector privado los denominados “contraindicios” de subordinación en médicos, odontólogos o veterinarios, tales como la emisión de boletas por montos variables, la ausencia de instrucciones o el uso de insumos propios. En el sector público, se revisan las diferencias entre funcionarios de planta, a contrata y a honorarios, y la posibilidad de que estos últimos acrediten una relación laboral ante los tribunales con indicios cuando la prestación del servicio sea habitual y propia del servicio, independientemente del tipo de prestación de salud específica de que se trate. La clave interpretativa sigue siendo el principio de primacía de la realidad, que privilegia los hechos sobre el rótulo contractual utilizado.
This article analyzes the notion of labor subordination and its manifestation in the provision of professional health services in Chile, considering the situation of professionals working in both the private and public sectors. In particular, it examines certain judicial criteria used to distinguish between subordinate and independent work. In the private sector, the so-called “counter-indicators” of subordination stand out among physicians, dentists, and veterinarians, such as issuing invoices for variable amounts, the absence of direct instructions, or the use of their own materials. In the public sector, the article reviews the differences among permanent staff, fixed-term employees, and fee-based contractors, as well as the possibility for the latter to establish the existence of an employment relationship before the courts when the service provided is regular and inherent to the institution, regardless of the specific type of health service involved. The key interpretative principle remains the primacy of reality, which gives precedence to actual facts over the contractual label used.