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Este artículo introduce el concepto de extractivismo penal o penalidad extractivista en la sociología del castigo. El término alude a las estrategias punitivas que los Estados emplean para neutralizar la protesta social y proteger a las industrias extractivas. Como categoría analítica, ofrece una mayor precisión y profundidad teórica que nociones habituales como criminalización, represión policial o control social, abriendo un diálogo necesario entre la sociología del castigo y los estudios sobre industrias extractivas. Nuestra propuesta se sustenta teóricamente en la economía política y, empíricamente, en evidencia cualitativa proveniente del conflicto minero de Espinar en Perú. El estudio identifica cinco estrategias punitivas que el Estado peruano ha utilizado en ese contexto: (1) servicios policiales extraordinarios y legislación sobre activos críticos, (2) declaración de estados de emergencia, (3) notificaciones policiales y fiscales contra líderes de organizaciones sociales, (4) denuncias penales, y (5) transferencia de competencias judiciales a regiones distantes al área de conflicto. En base a nuestros hallazgos, argumentamos que la penalidad extractivista es dinámica y ambivalente: las estrategias punitivas del Estado pueden contener la movilización social en el corto plazo, pero intensifican el malestar colectivo y la reproducción del conflicto en el largo plazo.
This article introduces the concept of penal extractivism or extractivist penality into the sociology of punishment. The term refers to the punitive strategies that states employ to neutralize social protest and protect extractive industries. As an analytical category, it offers greater precision and theoretical depth than common notions such as criminalization, policing, or social control, opening a necessary dialogue between the sociology of punishment and extractive industry studies. Our proposal is grounded theoretically in political economy and, empirically, in qualitative evidence drawn from the Espinar mining conflict in Peru. The study identifies five punitive strategies deployed by the Peruvian state in this context: (1) extraordinary police services and critical assets legislation, (2) declarations of states of emergency, (3) police and prosecutorial notifications against leaders of social organizations, (4) criminal complaints, and (5) the transfer of judicial jurisdiction to regions distant from the conflict area. Based on our findings, we argue that extractivist penality is dynamic and ambivalent: the state's punitive strategies may contain social mobilization in the short term, but intensify collective grievances and the reproduction of conflict in the long term.