Cada año, en cada entidad local, alguien tiene que decidir cuánto se ingresará por el IBI o cuánto se gastará en el contrato de la luz. Durante décadas, esa decisión se ha tomado con una regla de tres y una buena dosis de intuición. Este artículo explica cómo un sistema de inteligencia artificial ha sustituido esa intuición por una competición matemática: seis modelos estadísticos se enfrentan y solo el que demuestra mayor precisión histórica obtiene el derecho a proyectar el futuro. El mismo enfoque se extiende después a la ejecución real del presupuesto, con un sistema que vigila mes a mes cada aplicación presupuestaria y alerta, en el momento exacto en que la realidad se aparta de lo previsto.