Kant se preguntaba cómo podríamos evitar extraviarnos en ámbitos, temáticas y —podríamos añadir— épocas que resulten perjudiciales para el ejercicio de la propia razón. En particular, le preocupaban aquellos casos en los que la razón se atasca en discusiones infinitas sobre objetos que necesariamente desconocemos, y que conducen a distintos problemas, de los cuales caben destacar tres, señalados por el propio Kant.