Babahoyo, Ecuador
Este artículo presenta un estudio de caso centrado en un niño de 11 años que manifiesta un bajo rendimiento académico, abordado desde un enfoque cualitativo-correlacional e integrador. A través de técnicas de observación directa, entrevistas semiestructuradas y visitas domiciliarias, se examinan variables funcionales como el déficit en habilidades sociales, la desmotivación escolar, las alteraciones del sueño y la fatiga crónica; así como variables disposicionales asociadas a la asignación de roles parentales impropios, la exclusión escolar, el escaso acompañamiento familiar y la baja sensibilidad docente ante indicadores de malestar emocional infantil.
El análisis se enmarca en el modelo conductual, incorporando una mirada ampliada que reconoce la interdependencia entre conducta, contexto y sistemas de apoyo. Se propone una lectura ecosistémica del fenómeno educativo, con énfasis en la identificación de patrones relacionales que perpetúan la vulnerabilidad académica. Los resultados orientan hacia una intervención interdisciplinaria, sostenida en el diseño de entornos escolarizados más responsivos, emocionalmente seguros y culturalmente contextualizados.