Babahoyo, Ecuador
La autoformación docente emerge como respuesta estratégica ante el ritmo vertiginoso de los cambios educativos y la complejidad de los contextos escolares actuales. Lejos de limitarse a la participación en actividades formativas aisladas, implica que el docente asuma un rol activo en la gestión de su propio desarrollo profesional, en diálogo permanente con los retos de la práctica y las demandas institucionales. Este proceso destaca por su carácter intencional, reflexivo y colaborativo, articulando recursos digitales, comunidades de aprendizaje y estrategias de investigación sobre la propia experiencia. La revisión narrativa, basada en diversidad de fuentes teóricas y políticas, evidencia que la autoformación potencia competencias tecnológicas, metodológicas y socioemocionales no siempre abordadas en la formación formal, favoreciendo la innovación pedagógica y la adaptabilidad docente. Sin embargo, se identifican obstáculos estructurales persistentes—sobrecarga laboral, brechas digitales, falta de reconocimiento institucional—que limitan el impacto transformador de la autoformación. En consecuencia, el artículo argumenta la necesidad de políticas y culturas escolares que reconozcan y acompañen la autoformación, articulándola con modalidades formales y promoviendo sistemas de apoyo institucional. La autoformación se sitúa así como condición para la profesionalidad docente y la mejora educativa, capaz de fortalecer la respuesta del sistema ante la volatilidad y los desafíos de la sociedad contemporánea.