A pesar de la memoria aún vívida de un pasado prestigioso y delos fuertes incentivos proporcionados por las instancias de la UniónEuropea, la construcción económica y administrativa de Europano parece haber tenido su correlato en el espacio intelectual. Paracomprender los obstáculos que encontró el surgimiento de esteespacio, debemos situarlo en una perspectiva histórica de largoplazo, la del proceso de formación de los Estados-nación. Este pro-ceso contribuyó a la desintegración de la comunidad letrada euro-pea, que se comunicaba en una sola lengua: el latín. La fragmen-tación de esta comunidad a partir del desarrollo y afirmación delas lenguas vernáculas estuvo estrechamente ligada al nacimien-to del mercado del libro y a la expansión del público lector a gru-pos sociales no necesariamente formados en las humanidades clá-sicas —mujeres, clases medias urbanas, y luego la clase obrera.Si el francés fue hasta el siglo XVIII la lengua de la cultura de lascortes europeas, el Bildungsbürgertum pronto habría de estable-cer el austero rigor de la Kultur alemana frente al encanto super-ficial de la civilisation francesa, 1 iniciando el proceso de nacionali-zación de la cultura letrada. Desde mediados del siglo XIX, mientrasel alemán y el inglés ganaron ascendencia como las lenguas de laciencia, la traducción se convirtió en el principal modo de circula-ción transnacional de textos.