urante la segunda mitad del siglo XIX, cuando los discursos cul-turales hegemónicos de la modernidad representaban la presen-cia de la razón burguesa (a través de sus instituciones económi-cas, políticas y culturales) en cada una de las regiones del planetaen términos de una mision civilisatrice, la novela produjo efica-ces narrativas sobre la formación global del mundo burgués. Lanovela fue la forma privilegiada de la imaginación moderna en elsiglo XIX, y en función del poder estético y político de su repre-sentación de totalidades sociales, produjo potentes imágenes dela globalización de la cultura burguesa en aquellos textos que seocuparon de territorios y culturas distantes. 4 Esta es, precisa-mente, la especificidad de la relación entre la novela y el proce- so histórico de la globalización: si la filosofía moderna concep-tualizó la transformación del mundo en términos de la produc-ción histórica de una totalidad burguesa (cfr., Kant, Hegel y Marx),la novela le proporcionó a ese concepto filosófico abstracto unarealidad visual, un conjunto de imágenes e imaginarios que ele-vó la ficción de la ubicuidad burguesa a mito fundacional de lamodernidad.Mi objetivo en este artículo es proponer dos modelos diferentespero complementarios para pensar la relación entre la novela ylos discursos de la globalización. El primero, la globalización dela novela, no trabaja con formaciones textuales particulares sinocon la expansión histórica de la forma-novela, de la mano de laempresa colonial de Europa Occidental. Este concepto me per-mitirá revisar los marcos teóricos que han servido para estudiartanto la trayectoria global de la novela, de Europa a sus perife-rias, como la emergencia, desde finales del siglo XIX, de un sis-tema mundial de escritura, consumo y traducción de novelas.