Como juristas y católicos debemos defender la vida humana, que es un bien básico y derecho fundamental del ser humano, sobre el que se apoyan todos los otros bienes o derechos, pero que en su origen es un don de Dios antes que un derecho. Pues con anterioridad al comienzo de su existencia (en la fecundación-concepción), el hombre no tiene derecho a ser, justamente porque todavía no es, no hay un sujeto existente. Por tanto, la vida, la propia existencia nos es regalada gratuitamente por Dios a través de los progenitores. Lo importante es la determinación del principio ontológico de la unión del alma creada por Dios con el cuerpo generado por los progenitores como causa segunda, que, como tal, reconoce la causa primera en el mismo Dios.