El presente trabajo analiza críticamente la posición de la víctima en el sistemapenal contemporáneo y propone un modelo normativo de participación fundado en la teoría del reconocimiento. Partiendo de la tradición filosófica que va de Hegel a Honneth, se argumenta que el daño penal no se agota en la lesión de un bien jurídico abstracto, sino que comporta una negación del estatus moral de la víctima cuya respuesta institucional reclama algo más que una mera reafirmación normativa o una calibración utilitarista del castigo. El análisis se desarrolla en torno a cuatro ejes. En primer lugar, examina las insuficiencias conceptuales de las teorías retributivas y preventivas para integrar la dimensión relacional del daño. En segundo lugar, evalúa la persistente marginalidad estructural de la víctima en el proceso penal, agravada por la expansión de la justicia negociada y por los procedimientos acelerados. En tercer lugar, identifica la instrumentalización política de la figura de la víctima en el discurso del populismo punitivo, con particular atención al caso español. Finalmente, propone un modelo de participación significativa que integra la voz de la víctima como criterio de legitimidad de la intervención estatal, distinguiendo entre reconocimiento y severidad punitiva, y preservando las garantías del imputado y la imparcialidad del proceso.
This article critically examines the role of the victim in contemporary criminal justice and proposes a normative model of participation grounded in recognition theory. Drawing on the philosophical tradition running from Hegel to Honneth, it argues that criminal harm cannot be reduced to the breach of an abstract legal interest: it entails a denial of the victim’s moral status whose institutional response demands more than the mere reaffirmation of the norm or a utilitarian calibration of punishment. The analysis unfolds along four axes. First, it examines the conceptual shortcomings of retributive and preventive theories in integrating the relational dimension of harm. Second, it assesses the persistent structural marginality of the victim within criminal procedure, intensified by the expansion of negotiated justice and accelerated procedures. Third, it identifies the political instrumentalization of the victim within punitive populist discourse, with particular attention to the Spanish case. Finally, it proposes a model of meaningful participation that incorporates the victim’s voice as a criterion of legitimacy for state intervention, distinguishing between recognition and punitive severity while preserving the defendant’s procedural guarantees and judicial impartiality.