El imaginario de que los arrestos domiciliarios como «beneficio» oculta el alcance de esta modalidad punitiva. Subyace la idea de que los efectos son mínimos porque el entorno es familiar.
¿Es cierto que el ámbito privado puede amortiguar los impactos de la medida punitiva? ¿Cómo se habita en el cuerpo esta forma particular de encierro? Sobre estás preguntas gira este escrito. Se parte de los datos relevados en entrevistas sociales a 23 personas, mientras se extendía su pena y después de recuperar la libertad. Las entrevistas se realizaron dentro de la Dirección de Asistencia Técnica del Ministerio Público de la Defensa de la CABA, entre mayo de 2023 y marzo de 2024.
A partir de algunas herramientas de la sociología del cuerpo, el análisis pone en duda que ese espacio íntimo (como suele considerarse al hogar) sea impermeable al control. Los efectos son tan diversos y profundos, que incluso llegan a alterar la forma de verse a sí mismo/as. Esto se extiende aún cuando llevan meses en libertad, deteriorando sus lazos. Los resultados contrastan con las ideas que operan desde el sentido común. Es necesario identificar esas formas insospechadas en que la vigilancia permea la subjetividad y el cuerpo.