La política inclusiva en materia de discapacidad, auspiciada por la Convención de Nueva York y la reciente reforma en 2021 de nuestra legislación civil, resulta difícil de trasladar al ámbito registral. Quizá, porque el Derecho civil es el Derecho centrado en la protección de la persona, como individuo, mientras que la legislación registral se dirige, en cambio, a la protección de intereses supraindividuales, como son los dela seguridad del tráfico. Por eso, al Derecho civil le preocupa la protección de la persona frente al problema de su propia discapacidad, mientras que al Registro Civil o al Registro de la Propiedad les preocupa esa discapacidad como un problema de los demás, entendida su publicidad como un deber y no como un derecho. Pero ese sistema registral antaño diseñado como baluarte de la seguridad jurídica debiera reorganizarse actualmente, desde una perspectiva inclusiva, como un instrumento destinado a garantizar, más que la seguridad del tráfico, la eficiencia del apoyo en interés de la propia persona con discapacidad, sin menoscabo de su intimidad, entendida la publicidad registral de su necesidad de apoyo como un derecho y no como un deber. Todo ello obliga a un replanteamiento del modelo registral. El cambio de paradigma de la reforma de 2021 en el ámbito del Derecho civil, al dar primacía a la voluntad de la persona con discapacidad, bajo el principio del máximo respeto posible a su autonomía privada, hubieradebido comportar ese mismo cambio de enfoque sobre la publicidad de las medidas de apoyo a través del Registro Civil, bajo un principio correlativo de inscripción potestativa y no obligatoria, como sucede en el Registro de la Propiedad, donde su publicidad, ahora erradicada del folio real de la finca y relegada exclusivamente a un libro especial de llevanza auxiliar, bajo un principio de inscripción potestativa, debe, sin embargo, no se entiende por qué, mantenerse, paradójicamente, reservada.
Inclusive disability policy, promoted by the New York Convention and by the recent 2021 reform of our civil legislation, proves difficult to transpose into the registral sphere. Perhaps this is because Civil Law is a branch of law centred on the protection of the person as an individual, whereas registral legislation is instead directed toward the protection of supra-individual interests, such as those relating to transactional security. Thus, Civil Law is concerned with protecting the person against the problem of their own disability, while the Civil Registry or the Land Registry view such disability as a problem forothers, with registral publicity understood as a duty rather than as a right. Yet this registral system, formerly designed as a bulwark of legal certainty, ought now to be reorganised, from an inclusive perspective, as an instrument aimed at ensuring —more than transactional security —the effectiveness of support in the interest of the person with disability, without undermining their privacy, with registral publicity of their need for support understood as a right and not as a duty. All of this compels a rethinking of the registral model. The paradigm shift introduced by the 2021 reform in the field of Civil Law, by giving primacy to the will of the person with disability under the principle of the greatest possible respect for their private autonomy, should have entailed that same shift in approach regarding the publicity of support measures through the Civil Registry, under a correlating principle of optional rather than mandatory registration, as occurs in the Land Registry, where such publicity —now removed from the real folio of the property and relegated exclusively to a special auxiliary book, under a principle of optional registration —must, however, for reasons that remain unclear, paradoxically remain reserved.