En el trabajo analizamos cómo la caída global de la fecundidad y el envejecimiento llevarán al fin del dividendo demográfico, especialmente en Europa. Analizamos que la inmigración puede mitigar parte de la pérdida de población activa, sostener el crecimiento potencial y aliviar tensiones fiscales, aunque no constituye una solución completa ni automática. El impacto económico y fiscal de la migración depende de la edad, formación, origen e integración laboral de los migrantes. Para terminar, se manifiesta que Europa debe planificar una política migratoria ordenada, coordinada con natalidad, infraestructuras y desarrollo territorial.