La cultura del garaje representa el hito heroico indeleble sobre el que se levanta la legitimidad actual de la acumulación sin límite. Oculto el pecado de la avaricia, el empleo y la rentabilidad visten a la clase empresarial de los ultrarricos con un manto de santidad cuasi religioso, que dificulta poner en cuestión los excesos de su apabullante éxito. Se consideran "ultraricos" o "súper ricos" a quienes poseen más de 30 millones de dólares, siempre netos o después de descontada la deuda. Milmillonarios como Elon Musk -primera persona en reunir más de un billón de dólares- acumulan cifras que superan los datos nacionales de Producto Nacional Bruto de los países medios. Las compañías de estos personajes adquieren el rango de los países y los ultrarricos la estatura de Jefes de Estado sin Estado, en algunos casos de emperadores sin súbditos o ciudadanos reconocidos.