Los intermediarios financieros no bancarios (NBFI), en manos de los gestores de activos, han cambiado la composición estructural de los propietarios de los activos físicos y de las acciones y participaciones en el capital de las empresas, incorporándose a la propiedad y gestión del patrimonio mundial y transformando la dinámica del capitalismo en si mismo. Ello provoca un fuerte incremento de las desigualdades sociales. Gracias a su capacidad de innovación y "creatividad" financiera están acumulando proporciones crecientes del crédito privado, acentuando los riesgos sistémicos.