La alianza entre el poder político de la nueva derecha norteamericana, los barones de Silicon Valley y los arquitectos de la industria financiera no pretende simplemente una vuelta al laíssez-faíre del siglo pasado. Su objetivo real es fundar un capitalismo de Estado donde las estructuras de intermediación -el derecho laboral, las agencias de protección ambiental, los comités de ética y los Tribunales de supervisión- queden reducidas a su mínima expresión. Al acotar estas estructuras reguladoras, el bloque tecno-financiero acelera la velocidad de acumulación de riqueza, a la vez que transforma la naturaleza misma del orden global. El resultado es un modelo dual: un control estatal centralizado en la cúspide para proteger los intereses de la seguridad nacional y la propiedad intelectual de Occidente, combinado con una desregulación absoluta hacia abajo, que despoja a la sociedad de los mecanismos de protección construidos durante el siglo XX.