El marco europeo de protección de datos, lejos de ser un límite externo, debe convertirse en la arquitectura interna que permite un desarrollo responsable y competitivo de la inteligencia artificial. Una lectura maximalista del derecho fundamental a la protección de datos y de los principios del artículo 5 del RGPD puede convertir la reutilización de datos en una barrera estructural para la IA europea. El soft law de las autoridades (guías, dictámenes, criterios interpretativos) solo puede cumplir un papel legítimo si se construye mediante diálogo sectorial y se orienta a habilitar arquitecturas seguras de tratamiento. Los actuales enfoques top‐down desplazan el equilibrio entre derechos fundamentales al centro de gravedad de la protección de datos afectando al interés público en la investigación y competitividad tecnológica de la Unión. Por otra parte, impactan de modo sustancial en la libertad de creación científica y técnica al redefinir los márgenes y límites de la investigación y la innovación. Como ejemplo paradigmático se propone una concepción de la anonimización como herramienta estructural apoyada en entornos de procesamiento seguro y tecnologías de intermediación, funcional a los principios de minimización, limitación de la finalidad, transparencia y limitación de la conservación, teniendo en cuenta las necesidades técnicas de volumen, variedad, robustez y reproducibilidad de los modelos de IA.