De nada sirve la proclamación formal de un derecho si tal proclamación no va acompañada del deber de garantizar su salvaguarda y de la implantación de medidas adecuadas al efecto. Así pues, no es extraño que, en el contexto de los derechos consagrados en el Convenio de Roma, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos exija a los Estados una implicación activa en su protección, imponiéndoles obligaciones de tipo positivo o prestacional. Lo que sí extraña —y, más aún, debe ser objeto de preocupación por los peligros que arrostra— es el extraordinario alcance con el que la Corte de Estrasburgo viene interpretando esas obligaciones positivas o, desde otra perspectiva, el férreo control que opera sobre su cumplimiento por parte de los Estados. El reciente asunto A.J. y L.E. c. España (2025) constituye una ocasión propicia para examinar los potenciales peligros derivados de la progresiva expansión de las obligaciones positivas estatales, especialmente en su dimensión procesal y en relación con el deber de investigar de manera efectiva los delitos de violencia sexual.
El presente comentario pretende contribuir a ese debate desde una perspectiva menos transitada que la dominante en la doctrina y la jurisprudencia recientes: la de las implicaciones que dicha expansión puede tener en las garantías estructurales del proceso penal, más allá de su incidencia sobre la tutela de los derechos de las víctimas
A formal proclamation of a right is of little value unless it is accompa-nied by a duty to ensure its protection and by the implementation of appropriate measures to that end. It is therefore unsurprising that, in the context of the rights enshrined in the European Convention on Human Rights, the European Court of Human Rights requires States to play an active role in their protection by impo-sing positive obligations upon them. What is surprising—and, indeed, a matter of concern in light of the potential risks it entails— is the remarkably expansive way the Strasbourg Court has interpreted those positive obligations or, viewed from another perspective, the stringent scrutiny it exercises over States’ compliance with them.The judgment in A.J. and L.E. v. Spain (2025) offers a timely opportunity to reflect on the potential dangers associated with the progressive expansion of positive State obligations, particularly in their procedural dimension and with regard to the duty to carry out an effective investigation into allegations of sexual violence. This commentary aims to contribute to that discussion from a perspective that has been largely overlooked in recent scholarship and case law: the implications that such expansion may havefor the structural safeguards of criminal procee-dings, beyond its impact on the protection of victims’ rights