El Banco Central Europeo se convirtió en el primer gran banco central en subir los tipos de interés en respuesta a las presiones inflacionistas derivadas de la guerra en Oriente Medio. Esta medida refleja una “decisión discrecional” del Consejo de Gobierno del BCE, que consideró necesario enviar una señal a los mercados para subrayar su determinación de cumplir con su mandato de estabilidad de precios. Esa señal es importante no tanto por lo que indican actualmente los datos sobre el impacto neto de la crisis de los precios de la energía en los precios y la producción, como por la amenaza de que las empresas y los hogares puedan reaccionar de forma exagerada al adaptarse a un repentino repunte de la inflación. Es importante destacar que esta medida no debería tener consecuencias significativas a largo plazo más allá de su valor simbólico. Los cambios estructurales en la economía europea hacen probable que los tipos de interés tengan que subir en cualquier caso. No obstante, esta medida sugiere un cambio sutil pero importante en el equilibrio entre las reglas y la discrecionalidad en la formulación de la política monetaria. Es posible que otros bancos centrales tengan que demostrar su capacidad de actuación siguiendo el ejemplo del BCE.