Los adversarios de Estados Unidos están coordinando su acción en Eurasia, mientras sus aliados profundizan la cooperación pese al repliegue regional. La sincronización entre China y Rusia plantea un desafío estratégico mayor. En este contexto, Washington debería influir en las redes emergentes de sus aliados, en lugar de obstaculizarlas, para no quedar al margen del nuevo orden internacional.
The United States’s adversaries are coordinating their efforts across Eurasia, while its allies continue to deepen cooperation despite Washington’s regional retrenchment. The synchronization between China and Russia poses a major threat. In this context, Washington should try to influence the new networks its allies are crafting, not resist them. Otherwise, it may find itself on the fringes of a new global order.