Murcia, España
Este artículo examina la relación entre el Trabajo Social y la mediación mediante un análisis antropológico de los modelos de gestión del conflicto. El estudio parte de la premisa de que existe una tendencia actual hacia la utilización de soluciones dialogadas. Estas soluciones basadas en el diálogo, aunque tienen raíces antropológicas muy antiguas, su institucionalización y regulación formal dentrode los ordenamientos jurídicos actuales constituye una innovación reciente que pretende recuperar modelos horizontales de las sociedades antiguas. Se analiza exhaustivamente cómo las comunidades primigenias gestionaban sus disputas mediante la responsabilidad colectiva y figuras de autoridad moral, como el chamán o los consejos de ancianos, quienes operaban bajo lógicas de cohesión y no de castigo. Se estudia específicamente cómo los modelos de justicia restaurativa contemporáneos hunden sus raíces en estas prácticas ancestrales, destacando las “conferencias” de Nueva Zelanda y los “círculos de sentencia” de Norteamérica. Estos enfoques se presentan como alternativas críticas que priorizan la reparación del daño y la participación activa del entorno afectivo frente a la verticalidad de las sanciones. Finalmente, el artículo concluye que el trabajador social, en su rol de mediador, debe poseer una pericia técnica avanzada, un compromiso ético inquebrantable y una “fe en el proceso” que valide su intervención. De este modo, se consolida la mediación como una herramienta esencial para transformar la cultura del litigio, devolviendo a los ciudadanos la soberanía necesaria para resolver sus propios conflictos de forma autónoma y pacífica.
This article examines the relationship between Social Work and mediation through an anthropological analysis of conflict management models. The study is based on the premise that there is a current trend toward the use of dialogue-based solutions. Although these dialogue-based approaches have very ancient anthropological roots, their institutionalization and formal regulation within modern legal systems constitute a recent innovation that seeks to recover horizontal models from ancient societies. It provides an exhaustive analysis of how original communities managed their disputes through collectiveresponsibility and figures of moral authority, such as shamans or councils of elders, who operated under alogic of social cohesion rather than punishment. The research specifically explores how contemporary restorativejustice models are deeply rooted in these ancestral practices, highlighting the Family Group Conferencesin New Zealand and the “sentencing circles” in North America. These approaches are presented as critical alternatives that prioritize the reparation of harm and the active participation of the affective environment, contrasting with the verticality of state-imposed sanctions. Finally, the article concludes that the social worker, in the role of mediator, must possess advanced technical expertise, an unwavering ethical commitment, and a “faith in the process” that validates their intervention. In this way, mediation is consolidated as an essential tool for transforming the culture of litigation, returning to citizens the necessary sovereignty to resolve their own conflicts autonomously and peacefully