La expansión de la energía renovable en Marruecos se presenta como un modelo de sostenibilidad y cooperación internacional. Sin embargo, buena parte de estas infraestructuras se despliega en el Sáhara Occidental, un territorio ocupado y pendiente de descolonización. Bajo el discurso verde, se consolida un nuevo ciclo de extractivismo que legitima la ocupación, vulnera el derecho internacional y excluye al pueblo saharaui de toda decisión sobre sus recursos.