Angela Arenas Massa, Francisca Ávila Celis
Este artículo analiza la percepción de los profesionales de Gendarmería de Chile sobre la salud y las condiciones de vida de las personas mayores privadas de libertad en la Región Metropolitana. El estudio parte de un diagnóstico crítico: el aumento sostenido de la población penal envejecida debido a cambios demográficos y al endurecimiento de las políticas criminales. A través de un enfoque cualitativo exploratorio y entrevistas semiestructuradas en recintos como Santiago I, CPF San Joaquín y CPF San Miguel, la investigación examina cómo la infraestructura carcelaria y los modelos de gestión actuales fallan en cumplir con los principios de humanidad de las penas y equivalencia asistencial.
Los resultados preliminares identifican cuatro ejes problemáticos: 1) un entorno carcelario deteriorado y carente de accesibilidad universal; 2) un acceso deficiente a la salud especializada; 3) una sobrecarga del personal penitenciario que gestiona la dependencia y la muerte sin capacitación adecuada; y 4) la invisibilización institucional de las necesidades específicas de vejez y género. El artículo concluye que la falta de protocolos específicos y la actual lógica de concesiones penitenciarias transforman la ejecución penal en un trato incompatible con la dignidad humana para este grupo vulnerable.
This article examines the perceptions of professionals from Gendarmería de Chile regarding the health and living conditions of elderly individuals deprived of liberty in the Metropolitan Region. The study begins with a critical diagnosis: the steady increase in the aging prison population driven by demographic shifts and the tightening of criminal policies. Adopting an exploratory qualitative approach through semi-structured interviews in facilities such as Santiago I, CPF San Joaquín, and CPF San Miguel, the research analyzes how current prison infrastructure and management models fail to uphold the principles of humanity of punishment and equivalence of care.
Preliminary findings identify four problematic areas: 1) a deteriorated prison environment lacking universal accessibility; 2) deficient access to specialized healthcare; 3) overburdened staff managing functional dependency and end-of-life care without adequate training; and 4) the institutional invisibility of specific aging and gender needs. The article concludes that the lack of specific protocols and the current logic of prison concessions transform criminal execution into a treatment incompatible with human dignity for this vulnerable group.