Vivimos un tiempo atravesado por la aceleración –tecnológica, laboral, de los vínculos– y también por la multiplicación de discursos contradictorios sobre lo que esa aceleración significa. Promesas de transformación radical conviven con profecías apocalípticas, y entre ambos extremos crece una zona de incertidumbre donde resulta difícil distinguir qué está ocurriendo realmente. Frente a ese escenario, sostenemos que una de las tareas urgentes de las ciencias sociales, las humanidades y las artes críticas es ayudar a formular las preguntas antes que apresurarse a ofrecer certezas. Los desafíos que plantea la inteligencia artificial (IA) son profundamente sociales, económicos, políticos, culturales, ambientales y humanos, y no una mera cuestión de técnica o instrumental. Antes que solo de algoritmos o modelos computacionales, hablamos de relaciones de poder, de concentración económica, de desigualdades, de producción de conocimiento, de trabajo, de educación, de democracia, de justicia y de soberanía. En suma, hablamos del conocimiento y sus apropiaciones como bienes comunes y públicos que debemos producir y disputar.
We live in times defined by acceleration—technological, professional, and relational—as well as by a proliferation of contradictory discourses regarding the meaning of that acceleration. Promises of radical transformation coexist with apocalyptic prophecies, and between these two extremes lies a growing zone of uncertainty where it is difficult to discern what is actually happening. Faced with this scenario, we maintain that one of the urgent tasks for the social sciences, the humanities, and the critical arts is to help formulate questions rather than rushing to offer certainties. The challenges posed by artificial intelligence (AI) are profoundly social, economic, political, cultural, environmental, and human; they are not merely matters of technology or technique. We are speaking not just of algorithms or computational models, but of power relations, economic concentration, inequalities, knowledge production, labor, education, democracy, justice, and sovereignty. In short, we are speaking of knowledge and its appropriation as common and public goods that we must both produce and contest.