Con las leyes de 1982 y 1995, Cuba ha abierto sus puertas al comercio y las inversiones de Occidente, principalmente en sectores como el turismo y otros menos conocidos como el farmacéutico y las telecomunicaciones. A pesar de que todavía existen ámbitos donde el Estado ejerce control absoluto -como la posesión de la tierra, defensa y educación- muchos países reconocen el potencial económico de la isla. Hasta ahora, las corporaciones estadounidenses siguen siendo los grandes perdedores de la apertura.