El llamado “milagro japonés” que maravilló al mundo durante los años sesenta y setenta llegó a su fin debido a las tecnologías transformativas que ofrecen al consumidor productos y servicios más económicos. Casi todas las tecnologías que impulsaron el crecimiento económico de Japón eran de ese tipo. Paradójicamente, el éxito terminó en el momento en que la producción japonesa se consolidó como la de la más alta calidad en el ámbito internacional. Como consecuencia, los precios de las acciones japonesas han permanecido fijos por una década. Eso no es más que la señal de un profundo estancamiento económico