Desde el fin de la Guerra Fría, las relaciones entre Estados Unidos y América Latina han sido más cordiales y cooperativas que nunca. Sin embargo, el presidente George W. Bush no debe confiarse ni hacer caso omiso de lo que sus homólogos latinoamericanos tengan que decir, porque si bien estos últimos se han esforzado en establecer regímenes democráticos e impulsar medidas económicas que favorezcan el libre comercio, también existen focos rojos que pueden llevar al desvanecimiento de la cooperación. Bush tiene una oportunidad sin precedentes para abrir nuevos caminos en las relaciones con sus vecinos hemisféricos; tiene que aprovecharla.