Tras la caída del sistema soviético, la humanidad tomó el modelo global como única alternativa de vida. Paralelo a ese pensamiento aparece el desafío entre igualdad y diversidad. Los movimientos sociales son los encargados de hablar con el idioma de las identidades para defender los derechos de las minorías. Por ello, puede contemplarse el siglo XXI como el siglo de las identidades.