El Mundial ya está aquí, y con él todos esos anuncios argentinos con la albiceleste que consiguen emocionarnos aunque nosotros seamos de otro país. Miguel García de la Vega lo tiene claro: mucha envidia de todos ellos, pero también orgullo porque nos recuerdan el poder de la buena publicidad, la que llega al corazón, en unos tiempos en que esa reivindicación empieza a ser más necesaria que nunca.