El Mundial de fútbol sigue siendo uno de los pocos eventos capaces de reunir a audiencias masivas, pero su valor para las marcas ya no se mide solo en alcance. Ante un consumo fragmentado, con segundas pantallas, creadores y conversación en tiempo real, las marcas son conscientes de que no basta con estar, hay que aportar algo que el fan quiera ver, compartir y recordar.