El ejército estadounidense actual sigue estancado en el pasado. Su estrategia corresponde a la época de la Guerra Fría, su tecnología está mal adaptada a las misiones del presente y la desmoralización se extiende entre sus mandos. El nuevo inquilino de la Casa Blanca debe aprovechar la oportunidad de recomponer el ejército para enfrentar misiones futuras, como las guerras biológicas entre otras.