Sin la amenaza soviética es sumamente difícil para Estados Unidos definir su "interés nacional". La política exterior de una administración republicana debe tener prioridades claras: construir el ejército del siglo XXI para asegurar el poder estadounidense, enfrentar los regímenes corruptos y reforzar el vínculo con Beijing y Moscú. Sobre todo, el próximo presidente debe asumir que Estados Unidos es el líder del mundo.