La política económica de George W. Bush enfrentará dos enormes retos: preservar la supremacía económica de Estados Unidos y diluir el amargo resentimiento que la hegemonía estadounidense provoca en el extranjero. Para alcanzar un gran convenio comercial deberá abatir las barreras arancelarias de Estados Unidos en los ámbitos agrícola y textil como respuesta a un acuerdo global sobre derechos de propiedad intelectual.