Este trabajo analiza, desde la perspectiva del Derecho comparado, cómo las jurisdicciones principales están comenzando a integrar el impacto ambiental de la IA en sus marcos regulatorios, con tres modelos claramente diferenciados: (i) la Unión Europea, que avanza hacia obligaciones de transparencia energética y medioambiental vinculantes, combinando normas generales de sostenibilidad (EED, CSRD, CSDDD) con el Reglamento de IA de 2024 y el futuro CADA, pero con un diseño aún fragmentario, centrado en la divulgación a autoridades y con escasa publicidad de datos a nivel de modelo; (ii) Estados Unidos, donde la regulación medioambiental de la IA queda esencialmente absorbida por la legislación ambiental general y por iniciativas estatales y compromisos voluntarios, mientras la segunda Administración Trump impulsa una agenda de desregulación intersectorial, reducción de la supervisión de agencias y prohibición de normas estatales más estrictas; y (iii) China, que articula un modelo de planificación estatal de la infraestructura de IA con fuertes exigencias de eficiencia energética y despliegue de energía baja en carbono (planes quinquenales, estándares sectoriales, reubicación de centros de datos), pero sin obligaciones de transparencia pública específicas sobre consumo energético o huella ambiental de la IA.
This paper analyses, from a comparative law perspective, how major jurisdictions are beginning to incorporate the environmental impact of AI into their regulatory frameworks, identifying three clearly distinct models: (i) the European Union, which is moving towards binding energy and environmental transparency obligations, combining general sustainability standards (EED, CSRD, CSDDD) with the 2024 AI Regulation and the future CADA, but with a design that remains fragmented, focused on disclosure to authorities and with little data disclosure at the model level; (ii) the United States, where environmental regulation of AI is essentially subsumed within general environmental legislation and state-level initiatives and voluntary commitments, whilst the second Trump administration is pushing a cross-sectoral deregulation agenda, reducing agency oversight and prohibiting stricter state regulations; and (iii) China, which is developing a state-led model for AI infrastructure planning with stringent requirements for energy efficiency and the deployment of low-carbon energy (five-year plans, sectoral standards, relocation of data centres), but without specific public transparency obligations regarding AI’s energy consumption or environmental footprint.