Jesús Silva-Herzog Márquez
América Latina enfrenta dos enemigos: el golpismo, que puede dar un tiro mortal a la pluralidad alcanzada, y la ineficacia y el desprestigio, que pueden erosionar el tejido democrático. Para conjurar estos peligros habrá que garantizar, primero, la efectividad institucional, socavada muchas veces por el populismo de nada menos que de los encargados de velar por ella, y segundo, la legalidad entendida como afincamiento del estado de derecho en la vida de los ciudadanos.