La tendencia de Washington a subrayar el poder de sus rivales y subestimar las fortalezas propias a menudo le ha resultado contraproducente, al convertirse en una trampa que conduce a graves errores políticos. Incluso los asesores más pesimistas de Donald Trump deberían entender esto y reconocer que los dirigentes estadounidenses se arriesgan a cometer costosos errores si adoptan una posición reactiva hacia China, en vez de aprovechar las ventajas comparativas de Estados Unidos para impulsar sus intereses en un momento en que Beijing está en apuros.
Washington’s tendency to stress its rivals’ power and underestimate its own strengths has often backfired, becoming a trap that leads to serious policy errors. Even Donald Trump’s most pessimistic advisers should understand this history—and recognize that U.S. leaders risk making costly missteps by adopting a reactive posture toward China instead of capitalizing on the United States’ comparative advantages to push forward its interests at a moment when Beijing is struggling.