Donald Trump haría bien en construir su política exterior sobre la piedra angular histórica del liderazgo estadounidense: el poder duro. Para revertir el descuido que ha debilitado a las fuerzas armadas, su gobierno debe comprometerse a incrementar de forma significativa y sostenida el gasto de defensa. Además, pretender que Washington puede centrarse en una sola amenaza a la vez o ignorar un caos que, por distante, parece irrelevante es desconocer sus intereses internacionales. A Estados Unidos no volverán a hacerlo grande quienes simplemente quieren gestionar su declive.
Donald Trump would be wise to build his foreign policy on the enduring cornerstone of U.S. leadership: hard power. To reverse the neglect of military strength, his administration must commit to a significant and sustained increase in defense spending. Moreover, to pretend that the United States can focus on just one threat at a time, or that it can afford to shrug off faraway chaos as irrelevant is to ignore its global interests. America will not be made great again by those who simply want to manage its decline.