Se analiza la crítica de Jesús Ballesteros a la antropología nietzscheana que está en el origen del pensamiento posmoderno, mostrando su incompatibilidad con una vivencia humanizadora de la alteridad y de la temporalidad que permite descubrir el sentido del derecho. Frente al nihilismo, la voluntad de poder y la violencia lúdica de Nietzsche, Ballesteros defiende una alteridad basada en la no discriminación y la no violencia y una temporalidad basada en la duración y la permanencia, liberando al hombre del instanteísmo. Las consecuencias éticas del pensamiento nihilista las ha ilustrado en su magisterio acudiendo a la figura literaria de Raskólnikov.