Madrid, España
El presente artículo analiza la transformación del principio de soberanía permanente sobre los recursos naturales en el contexto del Antropoceno, destacando cómo la dimensión biocultural emerge como límite fundante al ejercicio soberano. A partir del examen del marco jurídico internacional –incluyendo la Resolución 1803 (XV) de la Asamblea General de la ONU, el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) y los instrumentos de la UNESCO–, se argumenta que la soberanía estatal ha evolucionado desde una concepción absoluta hacia una soberanía funcional y condicionada por obligaciones ambientales, derechos humanos y salvaguardas culturales. Partiendo de que la noción de sostenibilidad cultural se delimita conceptualmente como la capacidad de las comunidades para mantener, transmitir y adaptar sus sistemas de conocimiento, prácticas e instituciones vinculadas a la gestión de los recursos naturales a lo largo del tiempo, el estudio se centra en el Ártico, con especial atención al estatuto jurídico de Groenlandia conforme al Self-Government Act de 2009, como laboratorio jurídico donde confluyen tensiones entre explotación de recursos, derechos indígenas y gobernanza global. Se concluye que la sostenibilidad biocultural constituye un parámetro esencial para la licitud del ejercicio soberano en el siglo XXI, anticipando la consolidación de un derecho internacional biocultural emergente.
This article examines the transformation of the principle of permanent sovereignty over natural resources in the Anthropocene, emphasizing how the biocultural dimension emerges as a foundational limit to sovereign power. Through an analysis of the international legal framework – including UN General Assembly Resolution 1803 (XV), the Convention on Biological Diversity (CBD), and UNESCO instruments – the paper argues that state sovereignty has evolved from an absolute notion to a functional and conditioned sovereignty. Cultural sustainability is conceptually defined as the capacity of communities to maintain, transmit and adapt their knowledge systems, practices and institutions linked to natural resource management over time. The study focuses on the Arctic, particularly Greenland’s legal status under the Self-Government Act of 2009, as a legal laboratory where resource exploitation, indigenous rights, and global governance intersect. It concludes that biocultural sustainability is an essential criterion for the legitimacy of sovereignty in the 21st century, paving the way for an emerging biocultural international law.