Quien gobierna hoy en EEUU no se percibe como un simple mortal sometido a normas. Así lo declara cuando aparece en redes travestido de Papa, atribuyéndose la condición de Rey junto a Carlos III o, incluso, adoptando la imagen de Dios. ¿Narcisismo? ¿Mesianismo? La forma de proceder de Donald Trump nunca ha respondido a los estándares convencionales propios de quien ostenta la máxima representación institucional de un país democrático. El listado de extravagancias es infinito. Y aunque siempre ha resultado un modelo de político disruptivo, las excentricidades y los rasgos autoritarios son más acusados desde que asumió su segundo mandato.