Trump ha puesto a prueba las costuras europeas en materias tan sensibles como la soberanía nacional, la defensa o la política comercial. Ha hecho saltar por los aires los acuerdos comerciales con la imposición aleatoria y desproporcionada de aranceles; ha atacado abiertamente la integridad de un Estado miembro, Dinamarca, con la amenaza de anexionarse Groenlandia, por no hablar de los bandazos que ha protagonizado en la guerra de Ucrania, con acercamientos al gobierno de Putin y desaires a los mandatarios europeos. Sin embargo, ninguna potencia extranjera puede dictar las reglas del juego en Europa. Desde el tamaño del mercado europeo y el poder regulador de la Unión, hasta el conocimiento e innovación de primer nivel mundial: Europa tiene muchas fortalezas y no debe temer utilizarlas estratégicamente para proteger sus intereses fundamentales.