En el presente estudio abordamos la compleja problemática que suscita la valoración del testimonio único de la víctima como prueba de cargo suficiente para enervar la presunción de inocencia. Partimos de la consolidada doctrina jurisprudencial que ha superado el antiguo aforismo testis unus, testis nullus, para centrarnos en el denominado «triple test» como instrumento de racionalización del juicio de credibilidad. Así, analizamos la credibilidad subjetiva, la verosimilitud objetiva y la persistencia en la incriminación como parámetros orientativos, no tasados, que han de guiar la valoración judicial. Subrayamos la necesidad de extremar la cautela cuando la declaración constituye la única prueba, exigiendo una motivación reforzada y fundada en criterios lógicos. Igualmente, destacamos que la ausencia de alguno de estos elementos no determina automáticamente la invalidez del testimonio, pero sí puede comprometer su suficiencia probatoria. Recordamos que esta actividad valorativa corresponde en exclusiva al tribunal de instancia, en virtud de los principios de inmediación y libre valoración de la prueba. En definitiva, sostenemos que la doctrina jurisprudencial persigue un equilibrio entre la tutela de la víctima y la salvaguarda de los derechos fundamentales del acusado
In this study, we address the complex issue arising from the assessment of the victim’s sole testimony as sufficient evidence to rebut the presumption of innocence. We depart from the established case law that has overcome the old maxim testis unus, testis nullus, focusing instead on the so-called «triple test» as a tool for structuring credibility assessment. In this regard, we examine subjective credibility, objective plausibility, and consistency in the accusation as guiding, non-mandatory criteria for judicial evaluation. We emphasize the need for heightened caution when such testimony constitutes the only incriminating evidence, requiring reinforced and logically grounded reasoning. We further note that the absence of any of these elements does not automatically invalidate the testimony, although it may affect its evidentiary sufficiency. We recall that this evaluative function lies exclusively with the trial court, under the principles of immediacy and free assessment of evidence. Ultimately, we argue that case law seeks to balance the protection of the victim with the safeguarding of the defendant’s fundamental rights.