El crecimiento de la intermediación financiera no bancaria (NBFI) ha redibujado, desde 2008, la arquitectura del crédito global. Dentro de ese universo —hoy mayor que el conjunto del sistema bancario—, el crédito privado concentra casi todas las dudas que preocupan al supervisor: rápida expansión, opacidad de valoración, mismatch entre activos ilíquidos y promesas de liquidez al inversor, dependencia financiera del banco al que pretende reemplazar y exposición concentrada en sectores cuyos modelos de negocios quedan en entredicho por el avance de la IA. Este artículo examina dos episodios paralelos, las solicitudes de reembolso en BDC evergreen estadounidenses y la expansión de las transferencias sintéticas de riesgo (SRT) en Europa, para argumentar que el riesgo de crédito se ha desplazado hacia balances y vehículos con marcos regulatorios menos exigentes, menor transparencia y mecanismos de disciplina de mercado diferentes a los bancarios. La conclusión no es alarmista, el cuadro encaja más con una tensión cíclica y sectorial que con una crisis sistémica en gestación, pero sí exigente con la agenda supervisora: mejor información, pruebas de estrés sistémicas y vigilancia de la circularidad entre banca y NBFI.