Este artículo examina las resistencias territoriales frente al Proyecto Integral Morelos (pim) como experiencias de profundización democrática desde abajo. A partir de un estudio de caso cualitativo y de la revisión de documentos comunitarios, prensa y literatura especializada, se argumenta que la oposición comunitaria no constituye únicamente una reacción defensiva ante el despojo socioambiental, sino también un proceso activo de producción política que reconfigura los límites de la democracia liberal. Siguiendo a Chantal Mouffe, se muestra cómo las comunidades mantuvieron el conflicto en la arena pública frente a los intentos estatales y corporativos de reducirlo a una cuestión técnico-administrativa, convirtiéndolo en un antagonismo legítimo en defensa del territorio. A partir de Judith Butler, se analiza cómo la precariedad distribuida diferencialmente (en particular sobre los cuerpos de mujeres y campesinos) se transformó en fuente de acción y solidaridad colectiva. Las prácticas organizativas emergentes funcionaron como espacios de politización cotidiana y de producción de comunidad política. El estudio concluye que estas resistencias expanden los horizontes de lo democrático al afirmar formas de autoridad, cuidado y vida común que desbordan los marcos liberales, configurando una democratización arraigada en la defensa del territorio y la vida
This article examines territorial resistance to the Proyecto Integral Morelos (pim) as an experience of democratic deepening from below. Based on a qualitative case study drawing on community documents, press reports, and specialized literature, it argues that community opposition is not merely a defensive response to socio-environmental dispossession, but an active political process that reshapes the boundaries of liberal democracy. Following Chantal Mouffe, the article shows how affected communities kept the conflict in the public arena against state and corporate attempts to frame it as a technical matter, thereby transforming it into a legitimate antagonism grounded in territorial defense. Drawing on Judith Butler, it analyzes how differentially distributed precariousness —particularly affecting women and campesino households— became a source of collective agency and solidarity. Emerging organizational practices-assemblies, collective kitchens, territorial committees, and community radio-operated as everyday spaces of politicization and community-making. The study concludes that these resistances expand democratic horizons by asserting forms of authority, care, and common life that exceed liberal frameworks, configuring a democratization rooted in the defense of land and life.