Miguel Angel Tenas Alós
En las décadas pasadas, cuando una compañía automovilística quería vender sus automóviles en China, tenía que aceptar la condición impuesta por el gobierno estatal, consistente en la llamada Regla 50-50. Esto implicaba la creación de una compañía conjunta, llamada joint-venture, con un fabricante local. Así, se producía una transferencia tecnológica entre la compañía foránea —fuera europea, americana o nipona— y la nacional. Ello ha permitido el desarrollo de una potente industria automovilística china, que hoy día está más adelantada que los fabricantes tradicionales. Tanto está cambiando el mercado que ahora son las compañías chinas las que llegan al resto de mercados, pero sin intención de compartir su tecnología, o intentando evitarlo. Todo ello, además, se une a la escasez regulatoria existente en nuestro país respecto a este tipo de compañías.